Señor, por favor que repruebe

Posted: 6/21/2016

Padre Charlie Hughes

(Nota del editor: Esta es una reimpresión del artículo que apareció por primera vez en la primavera de 1972 en El Reto Glenmary. El Padre Charlie falleció el 23 de Septiembre del 2015.)

"¡Que tan afortunado eres de no haber reprobado Latín!" La fecha en la que esa declaración se presentó en mi vida fue en un Jueves 4 de Noviembre de 1954. Ese fue el día alrededor de las tres de la tarde, cuando el señor Ed Sanders fue bautizado. Condenado por asesinato, murió al día siguiente en la silla eléctrica en la prisión del estado de Georgia.

Ed tenía 55 años de edad. Yo tenía 26. Fue mi primer adulto que yo había bautizado. Me dijo que yo era el primer sacerdote católico que él había conocido. El día que nos conocimos no pudimos hacer mucho-solamente darnos la mano y presentarnos con nuestros nombres. Los dos estábamos nerviosos, yo supongo. Antes de finalizar nuestra breve conversación en el primer día, recuerdo haber preguntado, "¿Crees que pueda ser una buena idea si regreso mañana para hablar un poco acerca de Dios?"

Luego, camino a casa, un viaje de 36 millas, me di cuenta del gran reto que Ed me había dado cuando contesto, "Está bien". Ed era un pobre aparcero que apenas sabía leer ni escribir. Estaba fuera de cuestión, de darle un libro o un catecismo y decirle que lo estudie. Tendría que hacerlo todo yo.

Supongamos que en mi lugar tú fueras él quien se acercó a la celda de Ed en el quinto piso de la prisión por primera vez en el otoño de 1954. Ed seria real. Tendría sus ojos dispuestos para ver lo que tú le podrías mostrar, los oídos para escuchar lo que dirías, tendrías tres semanas para que pasara lo que tendría que pasar... ¿Qué le dirías o qué harías? Si tendrías algún parecido a mí durante esas tres semanas, habrías aprendido de manera muy especial varias cosas muy valiosas de ti mismo y de tu fe. Todos los días durante las tres semanas, pasé entre dos y tres horas con Ed. Fuimos descubriendo a Dios en una forma que ninguno de los dos jamás lo había descubierto antes.

Así que el día del bautismo de Ed era un día de alegría especial. Sorprendentemente, mi mente volvió a 1945. Yo estaba en mi último año de mi preparatoria, pensando en ser un sacerdote. De hecho, solía rezar para que reprobara Latín. No podía parar de estudiar, porque eso habría sido injusto. Pero si estudiaba y reprobaba de todos modos, eso sería una señal segura de que yo no tenía que preocuparme de ser sacerdote. Entones oraba por eso.

Pero pasé y fui a la universidad y al seminario, y yo no recuerdo haber pensado en esto hasta el día del bautismo de Ed. Con todo lo que cuesta en esfuerzo y sacrificio para ser un sacerdote, valió bien la pena por darme el privilegio de ser amigo de Ed, de haber sido de alguna ayuda para él cuando descubrió a Dios, y de tener el privilegio de aprender mucho de él acerca de la vida y la muerte.

En realidad no fue suerte fue más una bendición, un regalo, providencia, presencia, o lo que sea que le gustes llamarle. Pero creo que puedes comprender a lo que me refiero cuando digo, que 17 años después, con todo lo que se necesita para ser un sacerdote hoy en día, fácilmente y agradecido puedo cambiar esa frase durante la primavera de 1972 y decir, "¡Qué suerte que no reprobé Latín!"

¿No te gustaría unirte a nosotros en oración para que esta primavera Dios inspire a muchos jóvenes estadounidenses a dedicar sus vidas como misioneros de Glenmary? ¡Gracias! Si hay lo suficientes hombres que puedan tomar esta decisión, podríamos poner a un sacerdote en todos los condados de la Tierra sin sacerdote, EEUU.

Haz clic aquí para leer otras reflexiones misioneras. Y aquí para leer unas reflexiones del promotor vocacional.