Un llamado al Sacerdocio Misionero: ¿De dónde viene?

Posted: 10/22/2015

Padre Wil SteinbacherPor Padre Wil Steinbacher

Hace mucho tiempo, 1953, me gradué de la escuela secundaria. Alrededor de ese tiempo, muchas personas me preguntaba si yo tenía el llamado al sacerdocio. Habían tantos que comencé a preguntarme si llevaba un señalero que decía, "Este individuo está siendo llamado."

¿Por qué hacían esta pregunta? No estoy muy seguro. A lo mejor por mi amor a la Eucaristía o mi servicio como monaguillo, o mis amigos que eran sacerdotes que me delataron. Pero entre más escuchaba esas preguntas y comentarios, más empecé a tomarlos enserio.

Así que cuando llegó mi graduación y yo terminé mi trabajo en una tienda de pinturas como mezclador de pinturas y barrendero del piso, me dirigí al seminario a las afueras de Baltimore.

Los desafíos me golpearon de inmediato. Habían 200 hombres en cada una de mis clases en el primer año. En mi graduación de la escuela secundaria nos graduamos 26. Luego le siguió Latín, mi némesis. Como yo no estaba seguro de mi llamado, no tomo mucho para empezar a hacer preguntas.

Todos en el seminario estaban estudiando para ser sacerdotes diocesanos. Conforme pasó el tiempo, mí llamado a la diócesis se convirtió cada vez más cuestionable. Tomo otro año y una gran cantidad de ayuda antes de quedar claro que me dirigía a otra dirección.

La respuesta llegó un día en un gran sobre blanco. Abrí el correo preguntándome lo que había dentro. Resulto que se trataba de una serie de piezas de información sobre Glenmary. Me enteré unos años después que me lo envió mi primo. Ella era una hermana religiosa de Glenmary. Ella no tenía ni idea de lo importante que era la información para mí. Conforme iba leyendo, supe que estaba en el camino correcto hacia mi vocación.

Así que me puse en contacto con Glenmary y me invitaron a ir a Cincinnati. Pasé unos días ahí, y luego me pidieron que fuera a una parroquia en la misión de Virginia. Mi destino era un pueblo minero de carbón situado en las montañas.

Tome un autobús Greyhound en Cincinnati. Era Julio, muy caliente y húmedo. Después de diez horas, después de tomar el autobús toda la noche sin aire acondicionado, llegue a Norton temprano en la mañana. Me despertó la voz ronca del conductor que gritó, "¡Norton Virginia! Todo el mundo ¡fuera!"