¿Por qué conteste mi llamado al sacerdocio?

Posted: 3/31/2015

Father Tom Kirkendoll, Novitiate CodirectorCrecí en el interior de la ciudad en una familia que no era católica, aunque mi abuela era católica. My abuelo no era, pero mi bisabuela si era; su razón era que si eras católico, los católicos te ayudarían.

Mi familia me envió a mis hermanos, hermanas y a mí a una escuela católica cercana por la buena educación que recibiríamos. En el segundo de primaria, vi que todos mis amigos salieron de clase con el fin de prepararse para su primera comunión. Me dije a mi mismo, ¿Cómo puedo hacer eso yo también? Yo quería participar, no porque yo sabía lo que era la comunión, sino porque quería salir de clases. Le pregunté a una de las monjas cómo podría hacer mi primera comunión. Ella me dijo que tenía que pedirles permiso a mis padres. Esa noche, le pregunte a mi mamá y ella dijo que sí.

Durante ese tiempo había muchas monjas y sacerdotes en las escuelas. Enseñar a los niños en el centro de la ciudad fue una de sus misiones. Me quedé impresionado con las monjas que nos enseñaban, porque no lo hacían por dinero, sino por el bien de los niños. Siempre creímos que trabajaban por un dólar por año, y la dedicación de las monjas hacia nosotros los niños del centro de la ciudad fue un factor importante que me hizo pensar en el sacerdocio. Además de eso, tengo que admitir que era el misterio de la misa en latín, la manera que el sacerdote hablaba, el libro del que estaba leyendo, y la manera que nos daba la espalda durante la liturgia, siempre despertó mi interés.

Como estudiante de cuarto de primaria, veía a un sacerdote que tenía un gran poder. Incluso las hermanas le mostraban respeto. Siendo un estudiante un poco abierto, me sentía como el gobernante de cada monja, y como niño de cuarto año yo pensé que al ser sacerdote significaba que podía regresarles a las monjas todas las veces que me habían castigado.

Después de que el Vaticano II llegó y la Iglesia cambió. El sacerdote ya no subía al altar, pero en lugar de lo que parecía ser una mesa en el centro del santuario, donde se había eliminado el comulgatorio. Luego, alrededor de un año después, el sacerdote estaba hablando con nosotros en inglés. Los cambios no me impidieron sino que me dieron más enfoque. ¡TODO LO QUE SIEMPRE PENSABA ERA SER SACERDOTE!

En el primer año de la escuela secundaria el sacerdote en el departamento de orientación nos interrogó sobre lo que estábamos interesados en hacer después de que saliéramos de la escuela. Durante ese tiempo, una idea que ya había renunciado era de ser misionero. Mi concepto de un misionero era que se tenía que aprender otras lenguas y tener que viajar al extranjero. No ser capaz de hablar un idioma extranjera, pensé que el trabajo no era posible para mí. Sin embargo, el consejero sacó una revista de Glenmary Challenge del cajón de su escritorio y me dijo que lo leyera. Si me gustó lo que vi, él me dijo que debería de escribir una carta a Glenmary y llevársela a él, y que él la enviaría.

Dos meses habían pasado cuando me pregunto que si yo había escrito la carta. Le dije que la había dejado en mi escritorio y se la daría mañana en la mañana. En ese momento me di cuenta de que le estaba mintiendo a un sacerdote así que esa noche escribí la carta y el resto es historia.

Continué mi correspondencia con Glenmary durante toda la secundaria, y dos años después de que me gradué me uní al programa de formación. Formación significaba cuatro años de filosofía, cuatro de teología y un año de noviciado. Fui ordenado en el 1987. Mi comprensión de lo que significa ser un sacerdote católico ha cambiado y se ha desarrollado desde el cuarto año, obviamente. Pero nunca he deseado que no fuera un sacerdote de Glenmary.

Padre Tom sirve como Codirector del Noviciado en la casa central de Glenmary, Cincinnati, Ohio.