El Arzobispo Romero: Un siervo de Dios.

Brother David Henley Glenmary Home Missioners Vocation Director"El profeta es capaz de discernir, y también de denunciar el mal del pecado y las injusticias, porque es libre, no debe rendir cuentas a más amos que a Dios, no tiene otros intereses sino los de Dios. El profeta está generalmente de parte de los pobres y los indefensos, porque sabe que Dios mismo está de su parte." Papa Francisco

El Papa Francisco recientemente declaro que Monseñor Óscar Romero, arzobispo de San Salvador, será reconocido oficialmente por la Iglesia como un mártir. El decreto establece que el arzobispo Romero fue "asesinado por odio a la Fe", 24 de marzo de 1980, en San Salvador, El Salvador. La Iglesia ahora puede decir que su fe y su testimonio durante su vida y con su muerte lo definen como un "Siervo de Dios."

El decreto relativo al Arzobispo Romero es de particular importancia para mí porque las posturas proféticas que tomó durante su vida, tales como hablar en contra de la violencia y solidarizarse con los pobres- impacto mi propia historia vocacional. A pesar de que nunca había oído hablar de El Arzobispo Romero antes de que fuera asesinado brutalmente, fue su muerte y la muerte de otros misioneros religiosos en América Central que me ayudo a tomar conciencia de la necesidad de profetas en nuestro tiempo. También me desafió a hacer la pregunta, "¿Por qué los mataron?"

Sus muertes eran confusas para mí. Crecer en Columbus, Ohio, no podía entender por qué alguien sería asesinado por su fe. Mi educación católica me había enseñado que los santos y mártires fueron parte de la historia antigua de la Iglesia, no el presente.

En muchos sentidos, las historias de los primeros santos y mártires habían sido desinfectados, y yo los veía como bonitas estatuas en espacios sagrados. En contraste, las imágenes de los mártires de Centroamérica eran horribles y vividos. Sus muertes no eran algo que podía despedir fácilmente como acontecimientos que sucedieron hace mucho tiempo y no eran pertinentes para mí en esta edad actual. Sus historias fueron sucedían ahora y eran de confrontación.

Fue Tertuliano quien escribió que "la sangre de los mártires es la semilla de la Iglesia." Para mí fue el arzobispo Romero, y los otros que como él, manifestaron la verdad, mostrando cómo todos estamos llamados a vivir nuestra fe. No tenían miedo de tomar su cruz y seguir a Jesús, a pesar de que sabían que al hacerlo podrían conducirlos a la muerte. Incluso hoy en día, los profetas y misioneros deben "ir a los lugares donde más los necesitan, pero que no los quieren y permanecer ahí hasta que los quieran pero ya no los necesiten," aquí en los Estados Unidos.

El Arzobispo Romero y otros son recordatorios poderosos que somos una misión de la Iglesia y que hay desafíos que van junto con ¡el seguimiento de Cristo! Somos llamados por nuestra promesa bautismal de ser misioneros y algunos de nosotros que seamos mártires.

Romero y otros mártires que se han ido antes que nosotros sirven como ejemplos para aquellos que han sacrificado sus vidas para edificar el reino de Dios. ¿Estamos dispuestos a aceptar esa parte de nuestras promesas bautismales? Incluso en estos tiempos, puede que ofrecer nuestra vida sea requerido.

Algunos ejemplos de los misioneros religiosos que ofrecieron sus vidas en el 2014 son los siguientes:

  • Padre John Ssenyondo- Asesinado en Mexico.
  • Padres Anselme Wasukundi, Jean-Pierre Ndulani y Edmon Kisughu-Asesinado en Republica Democrática del Congo.
  • Padre Frans van der Lugt, SJ- asesinado en Syria.
  • Hermanas Bernadette Boggian, Lucia Pulici y Olga Raschietti- Asesinadas en Burundi.
  • Padres Miguel Pajares y Manuel García Viejo- sucumbido al virus del Ébola, mientras que asistían a las víctimas de esa enfermedad en la Sierra Leona y Liberia.

Estoy seguro de que hay otros a quien he olvidado mencionar. Pero rezamos para que estos valientes hombres y mujeres nos inspiren para seguir nuestro propio llamado vocacional. Además, debemos orar para que nunca se nos someta a la prueba. Si lo estamos, oremos para que seamos capaces de permanecer fieles al Señor.

Y oremos en acción de gracias por todos esos mártires que conocemos que no son sólo estatuas bonitas pero nos han inspirados para discernir nuestro propio llamado.

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